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Turismo Montañita

Ecuador fomenta la creación de nuevos proyectos turísticos

La fauna, flora, cultura, gastronomía y otros atractivos de las playas de la Costa ecuatoriana, de las montañas de la Sierra, de la selva del Oriente y de las islas del Archipiélago Galápagos son los encantos que ofrece Ecuador a los turistas internos y externos.

En enero del 2012, 127.119 turistas extranjeros llegaron al país frente a 105.541 visitantes que ingresaron en el 2011, según indica el Ministerio de Turismo. Esta cartera de Estado y la Corporación Financiera Nacional (CFN) firmaron un convenio para entregar créditos de hasta $ 25 millones para nuevos proyectos turísticos.

Entre los nuevos proyectos que las entidades buscan están alojamiento, transporte turístico (aéreo, marítimo, fluvial, terrestre y el alquiler de vehículos), servicio de alimentos y bebidas; también operadores turísticos, hipódromos y parques de atracciones estables.

Según Luis Falconí, viceministro de Turismo, la entidad tiene previsto realizar una campaña interna sostenida en el tiempo. El objetivo es aumentar el número de desplazamientos internos, el tiempo de estadía y el gasto promedio; también disminuir la salida por turismo al exterior. Para esto, realizan campañas en medios de comunicación y redes sociales.

La operadora de turismo guayaquileña Expedisa Travel recibe a turistas holandeses, alemanes, austriacos, suizos, estadounidenses y argentinos. Para Víctor Chiluiza, gerente de la operadora, entre los proyectos que se debería realizar para aumentar el turismo está  consolidar la oferta. “Este país está lleno de rutas turísticas (rutas de agua, tren, pescador, cacao, volcanes, sur…) por lo que estos productos deben juntarse en un solo eslogan y así venderlo como país”.

Otro de los proyectos que sugiere Víctor Chiluiza es la creación de un sistema de señalización y de georeferenciación (GPS): esto ayudaría al turismo individual. “Por ejemplo, para irse de Guayaquil a Riobamba o de Alausí a Montañita es difícil que la gente se traslade por tierra usando el sistema de alquiler de carros”. Además, añade que se debe establecer un ícono que represente al país a nivel mundial.

Sin embargo, el funcionario Falconí señala que la Marca País ‘Ecuador ama la vida’, fue definida en octubre de 2010 por el Presidente Rafael Correa. “Reemplaza a la anterior marca de los ‘cuatro mundos en un solo país’ y no está sometida a cambios según quién esté en el cargo de Ministro de Turismo”.

En la selva de la provincia de Pastaza (Amazonía) hay un centro de turismo comunitario Isnkay Yaku, que comenzó a funcionar en el sector desde este año. A este lugar se puede llegar en avión o caminando. Los turistas que visitan este destino han sido mayoritariamente españoles y argentinos.

Cada mes, a este sitio llegan dos grupos de cinco personas cada uno. Wilfrido Aragón, técnico administrativo de Isnkay Yaku, expresa que lo que ellos necesitan es una promoción a gran escala, tanto a nivel nacional como internacional.  La construcción de este sito duró tres años, y tuvo una inversión de $ 400.000.

En cambio, Paola Arboleda, gerente de marketing y ventas de Anahi Boutique Hotel, en Quito, señala que para aumentar el turismo se debe promocionar más los destinos a través de las embajadas y revistas especializadas. Al mes, este hotel recibe cerca de 465 turistas, de los cuales el 98% son de Inglaterra, Holanda, Alemania, Suecia y EE.UU.; el resto son de Cuenca y Guayaquil.

Para ella, el ministerio debe capacitar a la gente involucrada en la estructura hotelera: guías, choferes y otros en la manipulación de alimentos para crear una cultura de servicio. Señala que el país tiene que explotar otros lugares como el volcán Chiles, las lagunas del Voladero y la reserva ecológica El Ángel, en la provincia de Carchi; también recomienda los alrededores de los valles de Loja. “Estos lugares son muy accesibles en avión desde Quito y Cuenca”.

Hasta la fecha, la CFN entregó $ 75 millones como crédito para más de 400 proyectos turísticos en todo el país, menciona el viceministro Falconí. “Son proyectos en diferentes ámbitos: turístico, hotelero, restaurantes, agencias de viaje, operaciones turísticas, entre otras”. Además, indica que el Ecuador creció en el ámbito turístico en el 9%, una cifra que supera el doble de la media mundial, que es del 4%.

De acuerdo con los datos proporcionados por la Dirección de Inteligencia de Mercados del Ministerio de Turismo, Brasil ocupa el sexto lugar como mercado de consolidación luego de Argentina, Chile, Reino Unido, Canadá y Francia.

José Eduardo Vallejo, director de Promoción Turística del Ministerio de Turismo, expresa que este año la institución  emprenderá acciones paralelas con las operadoras mayoristas de Brasil. El objetivo que tiene esta cartera de Estado es que en el 2014 haya  30.000 arribos brasileños.

 

Tomado del Sitio Web http://andes.info.ec

Sol, mar y comida en Olón

Montanita Ecuador Turismo

La playa de Olón está ubicada a 195 km de Guayaquil, a 6 km de Santa Elena y a tres minutos de Montañita, en bus.

Llegar al lugar es transportarse a esos pequeños pueblos escondidos, donde el parque, la gente adulta que en su mayoría se llama Francisco, y el buen clima lo hacen diferente de todos los demás pueblos. Tiene alrededor de 2.000 habitantes.

Olón ofrece olas tranquilas, gran diversidad de restaurantes, hostales y muchas actividades por hacer.

Su principal característica es la longitud de su playa, que es de 7 km, lo que la hace especial dentro de las demás. También tiene el santuario de la Virgen, una pequeña capilla construida sobre un acantilado a 100 metros de altura y con vista a la playa. El santuario es un lugar interesante en sí mismo, con un barco de madera que cuelga en el interior y una estatua de la Virgen María.

Conózcalo
Si va en la mañana puede pasar por el restaurante El Conquistador, al pie de la playa, y pedir de desayuno una tortilla de camarón acompañada de patacones y una taza de café a $ 4; también puede tomarse un jugo de coco por $ 1,50.

Al pie de la playa se venden cocteles por $ 3, mojitos cubanos, gin tonic, sex on the beach, cuba libre etcétera. Mientras se lo bebe hay un parlante a todo volumen que pone en ambiente a los turistas.

Como en todos los pueblos, en la Ruta del Spondylus hay el famoso cebiche de carretilla. Don Eleuterio Neira vende a $ 5 los cebiches de camarón, pescado, ostra, pulpo y concha; lleva vendiendo cinco años en su carretilla, desde las 09:00 hasta las 17:00.

Olón también ofrece paseos a caballo, clases de surf, deportes acuáticos como: pesca deportiva, esquí acuático y paseos marítimos en lancha.

“La mayoría de la gente en Olón camina por la playa haciendo recorridos familiares, observando el mar; no hay mucha afluencia de personas, es más un lugar para descansar del ruido que tiene Montañita”, comenta Doris Cevallos, dueña de Isramar-Hostería.

El lugar ofrece diez habitaciones cómodas con ventilador, agua caliente y baño privado; para las parejas $ 35, mientras que una habitación para cuatro personas cuesta $ 70.

También está el hostal-galería Quimbita, que tiene servicio de bar-restaurante, TVCable, karaoke, baño privado; cuesta $ 20 por pareja y $ 15 por persona; puede visitar el lugar mediante www.quinbita.com.

Caminar por el pueblo, por su parque donde con alegría juegan niños del lugar; hablar con adultos en las viejas tiendas que quieren contar la historia de su pueblo, son algunas de las cosas que pasarán espontáneamente si visita Olón.

Don Francisco Reyes Severino, habitante del lugar, comenta sobre el inmenso cariño que les tienen a los turistas, y aunque también reforzaba la opinión de Cevallos, de no ser un lugar con mucha afluencia de turistas, cree que Olón es más familiar y para aquellos que van en plan de relajación y tranquilidad.

Actividades por hacer
Paseo a caballo en la hostería Isramar, dos horas a caballo, $ 20. Informes al 278-0215 o al (09) 712-1293.

El cangrejal de Olón es un sitio de interés natural cercano. Se trata de un manglar, como los que bordean la costa, y contiene muchas especies en peligro de extinción, como el cangrejo azul.

Hostería Susi’s boon ubicada en el centro; reservaciones al 278-0177 o al (08) 676-2861. Otros hospedajes son: El Blue Coast; (05) 910-9742; Quimbita, 278-0204; y Finca hostería Bella Aurora, a dos km hacia la montaña, (09) 275-4485.

“Tienen que visitar Olón, es un lugar para relajarse, aquí no hay bulla. Todos aquí tenemos cariño a los turistas”.

 

Tomado del Diario El Universo

 

Con estas bellezas la vida es un carnaval

 

Carnaval Ecuador

El carnaval llegó con la alegría y colorido característico de estas fiestas. Sin duda este será un carnaval para no olvidar, ya que con él viene la oportunidad de viajar y conocer diferentes atractivos turísticos de nuestro país, como las cálidas playas de nuestra Costa. El grupo Alta Tensión, conformado por las bellas Ivelice, Andrea y María José, disfrutó de un pequeño paseo por General Villamil Playas, uno de los balnearios más visitados de el país.

Conversamos sobre las playas que más les gustan a las jóvenes:
Andrea nos respondió que adora broncearse frente al sol, sobre todo en las hermosas playas de Ayangue, donde hay sitios tranquilos y puede tomarse un respiro de su ajetreada agenda de presentaciones.

Mientras que Ivelice y María José nos comentaron que disfrutan mucho en Montañita y en Simón Bolívar, debido a las artesanías y la vida nocturna que puede hallarse en los bares de estos hermosos balnearios.

La bellas tecnocumbieras apenas pusieron un pie en la arena no dudaron en meterse al agua y empezar a juguetear entre ellas y posando con una sensualidad natural ante nuestra cámara.

Según nos señalan estas bellas chicas, gracias a la gran cantidad de presentaciones que tienen alrededor del país degustan diferentes tipos de platillos de varios lugares.

Andrea, por ejemplo, nos contó que el mejor cebiche de la ruta del sol se la encuentra en Salinas, mientras que Ivelice nos relató que el mejor pescado frito de todo el Ecuador solo se lo encuentra en Manta, mientras que María José nos expresó que la mejor cazuela que probó fue en San Pablo.

 

Tomado del Diario El Extra

Montañita escogió la mejor ‘colita’ de la temporada

 

En Montañita la temporada llegó y la temperatura subió con la elección de la ‘Colita de la Temporada’. Candidatas de varias nacionalidades participaron por el título.

 

Al final, la colombiana Claudia Muñoz fue la elegida como la mejor colita del certamen.

 

Tomado del Sitio Web Teleamazonas

Hospedaje rústico y comida a bajo costo

 

Leonel del Pezo, presidente de la comuna de Montañita, no tiene dudas: “La mayoría aquí son argentinos, y, aunque desde hace un tiempo ya venían por acá, este año parecen haberse triplicado”. Según datos oficiales, el año pasado más de 33.000 argentinos visitaron Ecuador y la mayoría pasó por Montañita. Aunque de este verano todavía no hay cifras definitivas, se descuenta que serán muchos más.

“La diversión esta asegurada; las olas para surfear también. Y se puede comer y alojarse en una hostería por un costo más que razonable”, explica Santiago Ruiz Cavanagh, uno de los argentinos que este año eligieron Montañita junto con su grupo de amigos. “La comida es bastante buena, y por unos pocos dólares te podés sentar a comer un plato típico o algo más popular, como una hamburguesa con papas fritas”, cuenta Santiago, que pagó 5,50 dólares por ese menú durante varios días.

Una pizza grande se paga unos 10 dólares, y el chop de cerveza en la playa cuesta 2 dólares. Los jugos de frutas naturales, 1,90 dólares, y el agua sin gas servida a orillas de mar, apenas un dólar. A la noche, la entrada a una disco ronda los 3 dólares.

Las opciones para hospedarse son variadas, y la mayoría conserva un estilo rústico, típico de estas costas, de caña y paja, aunque todos los hoteles cuentan con las comodidades básicas para el turista, como agua caliente y potable. Una de las alternativas es el hostel Kundalini, con habitaciones simples, dobles, triples y grupales, y todas con baño privado. Los valores van de los 40 a los 80 dólares.

En el hostel Tiki Limbo está, según los testimonios de los turistas, uno de los mejores restaurantes del lugar, y el alojamiento allí cuesta 20 dólares por persona, sin desayuno. En el hostel Pop House hay habitaciones dobles y grupales, con un precio de 20 dólares por persona.

 

Tomado del Sitio Web lanacion.com.ar


Montañita, la revelación de la temporada

Desde diciembre está copada por turistas argentinos de entre 18 y 24 años, que buscan buenas olas y diversión sin gastar mucho.

Ecuador playas

 

“Hay un ambiente de fiesta constante -dice Juan Manuel Gigena, de 23 años-. Y, además, la playa está buenísima.” Por momentos parece un pueblito de Brasil o de la costa de Rocha. Pero, aunque no se deje de escuchar el inconfundible acento argentino, si se afina la mirada, pronto se distinguirán indicios de que la geografía no se corresponde con la costa argentina o uruguaya.

Es Montañita, en la costa de Ecuador, el destino del exterior que fue copado este verano por miles de jóvenes argentinos y que es la estrella de la temporada. Si hasta se ha creado una página en Facebook llamada “Argentinos en Montañita” . Paraíso de surfistas que buscan aventura y buenas olas a bajo costo, Montañita aparece como la opción ideal para los que atraviesan la adolescencia, ya sea incipiente o tardía.

De hecho, Renzo Recchia, un mendocino de 26 años que viajó junto con su grupo de amigos, confesó que es un lugar ideal para estudiantes veinteañeros. “La verdad que nosotros después de algunos días nos fuimos porque nos sentíamos un toque outsiders , no por la onda sino por la edad. ¡Parecíamos viejos al lado del resto!”

Lo confirma Carolina Scally, que viajó a Ecuador en diciembre pasado con cuatro amigas para recorrer juntas “la ruta del sol”, que comprende otras playas de ese país, como Manta, Frailes, Puerto López y Salinas. “En Montañita se formó una especie de colonia de argentinos que disfrutan de los primeros o últimos años de la adolescencia. Todos se mueven en grupos de amigos. No es un lugar para nada familiar. De hecho, cuando uno ve una familia en la playa, se sorprende porque no es para nada la postal típica de ahí”, cuenta Carolina.

Es tanta la afluencia de argentinos a esta playa ecuatoriana que Montañita ahora se promociona con paquetes turísticos de una semana por 1200 dólares con aéreo y estada en alguna de sus sencillas posadas. Porque a pesar de que esta porción de playa sobre el océano Pacífico recibe cada vez más turistas, no resigna su espíritu de pueblo apacible y bohemio.

“Esta playa recibe oleadas de jóvenes que, justamente, buscan grandes olas para surfear. Es un destino algo hippie, natural y económico, que entre los argentinos empezó a conocerse hace cinco años y se puso de moda hace dos”, describió a LA NACION Tomás Novick, director de la agencia especializada en turismo joven Trip Now.

Pero, en general, aunque existen paquetes convenientes, la pauta es ir por cuenta propia, sin reservas y acampar en la playa o dormir en las hamacas paraguayas de los hostels que ahí funcionan como camas. Alojarse en una linda posada con baño privado cuesta 20 dólares la noche, y almorzar o cenar en un lugar canchero no sale más de 10 dólares. Aunque, por supuesto, hay alternativas más económicas.

En algunos casos, los argentinos que llegan a esta playa montan un negocio para sustentarse. Desde dar clases de surf hasta ponerse un puestito de cócteles, ya que pasar por un trago es la previa obligada antes de entrar en algún boliche o ir a una fiesta en la playa. “Todo es muy hippie, muy agreste. El pueblito tiene seis calles empedradas, todo el tiempo te estás cruzando con las mismas personas que viste antes en la playa o tomando algo”, dice Scally.

La vida nocturna no tiene secretos. La playa es casi siempre un improvisado boliche. Pero fuera de ella, y para no extrañarla, Caña Grill uno de los puntos obligados de encuentro nocturno, con una pista de baile de arena. Y Hola Ola Café, otro lugar muy frecuentado, tiene pileta propia para los que no se animan a adentrarse en el mar por la noche.

Para Santiago Ruiz Cavanagh, un abogado de 27 años, “la gente en la Argentina elige Montañita porque te da la posibilidad de salir del país por un precio más que razonable, y, sobre todo, porque es un lugar de mucha fiesta. Eso fue básicamente lo que más nos gustó, aunque a veces también es un poco cansador. Lo peor fue que erramos con el rango de edad, la gente está mucho más cerca de los veinte que de los treinta, como nosotros”.

La mayoría de los que desembarcan en Montañita ya han completado, años antes, parte del trayecto obligado de los jóvenes aventureros que se inicia en el norte argentino, con Salta y Jujuy a la cabeza y continúa en Bolivia y Perú.

Para Ariel Pereyra es la primera vez en este paraíso de surfistas. Su desembarco en Montañita es, precisamente, la continuación lógica de ese viaje que empezó en 2008 en Salta, continuó en 2010 en Bolivia y Perú y ahora tiene su tercera etapa en Ecuador.

“Con mi grupo de amigos viajamos por toda América latina. A Montañita la elegimos porque conozco a muchos amigos que me hablaron del lugar. Aunque ni yo ni mis amigos practicamos surf, me gusta la onda bohemia, y las playas y la movida nocturna están buenísimas.”

Otro que buscará desandar esas arenas de estas playas en febrero es Federico Hartman, que con su grupo de amigos surfistas irá en busca de grandes olas. Y allí las tiene garantizadas. “Siempre buscamos destinos nuevos para surfear y Montañita es uno de los lugares que hay que conocer. El próximo será Hawai. Pero para eso falta bastante -admitió-. Primero tengo que juntar mucha plata.”

 

Tomado del Sitio Web lanacion.com.ar


El cantautor Segovita genera música desde su negocio Montañita Mall

 

Montanita Mall

Esa mañana cuando el bus depositó mis huesos en el paradero de Montañita, al primero que encontré fue a Segovita, ahora dueño y señor de Montañita Mall, ubicado en plena Ruta del Spondylus.

Pero antes de contarles sobre Montañita Mall, les paso la historia casi completa de Miguel Segovia, más conocido en el mundo artístico como Segovita, cantautor guayaquileño “modelo 53”, como él se cataloga porque nació en 1953.

Cuenta que desde niño empezó a cantar en el coro de su escuela, pero recién aprendió a tocar guitarra a los 15 años cuando llegó a vivir a La Atarazana, donde se topó con varios guitarreros. “Llegué al sitio exacto para aprender, es lo que recuerdo y porque ya casi no tengo neuronas”, dice con su característico buen humor.

En 1977 grabó para Ifesa un 45 con un cover y Buda, un tema suyo muy funky que todavía interpreta porque así se llama uno de sus discos. En 1986 fue a parar a Colombia. En esa travesía cantaba en los bares playeros de Santa Marta y andaba de errante por Barranquilla y Cartagena, aunque residía en Bogotá. Pero había épocas en que se dedicaba a otros trabajitos –todos honestos, aclara– porque no siempre se puede vivir solo del arte.

Regresó en 1994, pero a Salinas. Un año después, empezó a escribir sus canciones basado en sus vivencias. Fue cuando partiendo del rock se abrió a componer con nuevos ritmos: salsa, son, blues, boleros. “Una mezcla que yo llamo tropical funk, porque somos de la costa, alegres y ponemos a bailar a la gente”, comenta.

En el 2000, en Montañita formó su banda Los Muebles Finos, llamados así en onda de joda “por lo viejo y bien acabados que éramos, aunque el único bien acabado era yo”, reconoce refiriéndose a los otros músicos más jóvenes.

Cuatro años después retorna a Guayaquil y forma parte de la banda de Héctor Napolitano. Luego volvió a armar a Los Muebles Finos, aunque siempre ha estado identificado con Héctor Napolitano. “Me ha ido muy bien haciendo público lo mío y con Napolitano somos excelentes amigos, siempre es un honor compartir el escenario con el maestro”, comenta.

En el 2006 lanzó su primer disco: En Montañita muerto de la risa y recuerda que un amigo le contó que en un concierto habían solicitado un minuto de silencio por la muerte del sonero Miguel Segovia. “Y yo estaba en La Casa de Roy, bar en Salinas, muerto de la risa”.

Algunas de sus canciones son críticas con la realidad, pero siempre está presente el amor y el humor. “Nunca puedo hablar en serio, tampoco ser muy melancólico o triste. Siempre he intentado mantenerme alegre. Que muchas veces tenga cara de perro es por el chuchaqui, pero no porque esté bravo”, aclara pulsando las cuerdas de su guitarra.

Luego grabó dos discos más: A papá, en memoria de su padre fallecido, y Buda, álbum que recopilaba sus mejores canciones y que lo realizó con Willy Wong, El Jefe Vergara, Flavio Bajaña, etcétera.

Esa mañana en Montañita cae una ligera llovizna, es cuando Segovita hace recuento de su tránsito por estos lares.

“Ahora he vuelto y estoy radicado en Montañita porque antes he estado como gitano por Olón, Manglaralto, Santa Elena, La Libertad. Pero esta vez estoy con mi familia. En Montañita siempre me han recibido bien, me conocen de muchos años, la gente es muy chévere conmigo, mi señora está contenta. Hasta que mi hijo tenga la mayoría de edad –empieza a bromear– vamos a esperar si nos quedamos o nos vamos. Entonces solo me faltan 11 años de estar por acá. Montañita es mi patria chiquita”.

¿Ahora hasta tienes un negocio aquí?, le digo. Segovita cuenta que para no depender de los bares –donde ciertas noches se presenta– puso su Montañita Mall, que es un supermercado del aseo. “Ofrezco productos de limpieza y mis principales clientes son los hoteles que necesitan tener limpias sus habitaciones, pero también ofrezco afiches, cuadros, postales y mis discos. He tenido acogida y el negocio, con la ayuda de mi señora, ha nacido vivo, tenemos ventas que me motivan”.

La semana pasada en los estudios de Fediscos acabó de grabar Septiembre dos, su próximo disco que saldrá en febrero. El nombre hace alusión a la fecha de nacimiento de su hijo. Cuenta que ese disco es un milagro. Porque un día estaba tocando en un café de Montañita y unos músicos de Guayaquil, entre ellos el baterista Raúl Molina, le comentó que un grupo de jóvenes músicos, directores y productores musicales, deseaban grabar un disco con sus últimas composiciones.

Septiembre dos tendrá ocho temas, casi todos baladas y boleros, como: Viendo la Luna; Pan de Ambato; Te recuerdo noche y día; Mi bella María; Septiembre dos; El celular; Chuzo de venado, etcétera. “Por esta grabación la gente se va a dar cuenta que Segovita no solamente es broma, sino que también escribo y canto temas poéticos”.

Actualmente Segovita junto a la comuna de Montañita están organizando un festival musical que se realizará en la segunda semana de febrero en la concha acústica ubicada entre el pueblo y La Punta, un escenario abandonado que quieren rescatar a favor de la gente del pueblo, y los turistas y para que los artistas tengan un espacio donde expresarse.

Montañita es un pueblo arte, eso lo hace diferente a otros lugares. La intención es realizar ese festival todos los años”, comenta con entusiasmo Segovita, quien también cuenta que en marzo cantará como invitado en El Bar de Beto de la isla Isabela, Galápagos.

La fina llovizna sigue cayendo frente a Montañita Mall y Segovita guitarra en mano la espanta al estilo de su hilarante Chuzo de venado: “Íbamos los tres / Muy contentos pa’ Montaña / De pronto apareció / un venado hecho bala y ahí / Nos volcamos / Por culpa de un venado / en la carretera ensangrentados / La Ruta del Sol / concurrida como siempre / La gente corrió / por los restos del venado y ahí / los tres tirados/ por culpa de un venado / Se le ve venir / a un vigilante muy soplado / gritando: alto ahí / yo quiero parte del venado y ahí / en la carretera ensangrentados / primero era el venado / Llegando a Montañita / Una señora muerta de risa / Gritando fuerte y claro / Yo vendo chuzos de venado y ahí / reaccioné / Por el cuello la tomé / Mejor nos regresamos / Hasta que mi tía acabe de pagar el carro / por lo menos cinco años / Era un coche del año / En Montañita radicamos / Por culpa de un venado”.

 

Tomado del Diario El Universo

Montañita, un atractivo turístico internacional

 

Sus paisajes, sus olas y su fiesta son los principales elementos que convierten a este balneario en un lugar en el que convergen distintas culturas, atrayendo a turistas de diversas partes del mundo.

En estos días, chilenos y argentinos se encuentran en este lugar de la provincia de Santa Elena. Ellos lo califican como la revelación mundial de la temporada 2012, así lo detalla el diario La Nación de Argentina y lo confirman sus testimonios.

La fuerte presencia de argentinos en el sector demuestra su influencia en este sitio e inclusive existe  un sitio en Facebook con más de mil seguidores. Allí los viajeros relatan las experiencias vividas en estas playas calificadas como una revelación de América Latina, y comparadas con balnearios de Brasil y Uruguay.

Además, la rumba en Montañita no para. Este es uno de los mayores atractivos que tiene, puesto que cada fin de semana presenta un evento diferente que atrae a cientos de turistas nacionales y extranjeros.

La vida nocturna de montañita es eterna y es lo que más atrae a los extranjeros que disfrutan tanto en discotecas como en la playa  que casi siempre es una improvisada pista de baile.

Y otro factor importante es la oferta hotelera que se ajusta al presupuesto de este turismo. En Montañita se encuentran habitaciones desde siete dólares.

La presencia de este turismo es positiva a la inversión y es por ello que este año se prevé la inauguración de un nuevo hotel, el Dharma Beach, frente a la playa.

Nuestra reportera Bessy Granja nos ha preparado un informe desde este paradisíaco lugar de la costa ecuatoriana.

 

Tomado del Sitio Web Ecuavisa


Clases exprés de surf “inundan” Montañita

Los turistas que visitan el balneario pueden tomar lecciones para aprender a deslizarse sobre las olas. Los instructores aseguran que los aprendices estarán en capacidad de pararse en la tabla sobre el agua al finalizar la primera cita.

Montanita Surf Ecuador

 

Luego de haber culminado su carrera de Economía en Madrid, España, Vera Auf der Maur decidió darse unas vacaciones en Sudamérica antes de empezar a ejercer su profesión. Su aventurero viaje la trasladó hasta Montañita, pueblo por el cual esta suiza de 29 años afirma sentirse apasionada.

En los seis meses fuera de casa, Vera ha estado en Filipinas, Australia y Colombia en búsqueda de sensaciones nuevas. “Es que me encanta la aventura, por eso decidí viajar sola”, dice la delgada europea de rubia cabellera.

Tras haber recibido excelentes referencias de Montañita, Vera decidió trasladarse a Ecuador, un país del que poco había escuchado. “Llevo dos semanas acá, pero realmente estoy enamorada de este lugar”, comenta Auf der Maur, quien al observar el ambiente surfístico de Montaña,  decidió  tomar clases de este deporte playero.

A lo largo de la arena de la “Jamaica perdida” hay seis escuelas de surf y Vera opta por tomar clases con Israel Vélez, quien pasa todos los días en la playa, a la espera de poder compartir lo que sabe de este deporte con quienes se decidan por subirse a una tabla y domar las olas del lugar.

A los 12 años, Israel se cambió a vivir a Montañita junto con su hermano Carlos Luis, de 16. La onda del surf que se vive en este poblado desde hace cuatro décadas atrajo a estos dos adolescentes, quienes nacieron en Guayaquil, pero se decidieron por la rutina playera.

Ahora, con 24 años, Israel está dedicado al surf, deporte que le sirve como medio de sustento y que lo ayuda para cursar su carrera de Ingeniería en Gestión y Desarrollo Turístico en la Universidad Estatal Península de Santa Elena. Vélez enseña a surfear en la playa de Montañita desde hace 4 años.

“Hay días buenos en los que vienen grupos de 10 personas para aprender a surfear, pero hay ocasiones en las que pasan las horas y solo aparece una que otra persona. En general es una actividad que tiene acción todo el año”, indica Vélez, quien de inmediato inicia con las clases de Vera.

Al haber vivido 6 años en Madrid, Vera entiende a la perfección las indicaciones que le da su profesor de surf, quien da la primera instrucción de la clase: alistar la tabla. “Cuando son hombres, ellos la enceran, pero en este caso yo me encargo”, dice el profesor.

Surfear en MontanitaLas dos horas del curso exprés de surf son aprovechadas al máximo. Israel le enseña a Vera las posturas que debe tomar con la tabla y luego llega la práctica.

“Las clases solo pueden durar dos horas, ya que no da más la resistencia física”, afirma el veinteañero mientras la europea se muestra ansiosa por entrar al mar con la tabla. “Ya me quiero parar en la tabla y empezar a meterme entre las olas”, dice la aprendiz de surf.

Vera empezó la clase sin haber surfeado antes y tal como se lo prometió Vélez, ella terminó el corto curso habiéndose parado en la tabla. “Quiero seguir deslizándome”, es lo primero que dice la ahora economista suiza, quien espera estar cuatro meses más de vacaciones.

“No sé cuántos días o semanas más estaré aquí en Montañita, pero realmente me ha encantado vivir en Ecuador; además, es muy barato todo. Estaré acá hasta que tenga dinero”, expresa Vera.

Vélez señala que, por lo general, las personas solo toman una clase y luego se dedican a aprender más por sí solos. “Pero  yo no me complico si alguien viene y me dice que le enseñe trucos”, manifiesta.

Las clases de surf en la playa de Montañita se realizan desde hace aproximadamente 6 años, cuando el turismo extranjero no surfista se incrementó de manera considerable.

“Siempre ha venido gente de otros países, pero antes eran tablistas en su mayoría. Ahora llegan  más personas que  buscan la farra de Montañita y que muchas veces quieren aprender a surfear al estar en un lugar donde este deporte es parte del diario vivir”, comenta Vélez.

La mayoría de los clientes de las escuelas de surf, las que son autorizadas por los dirigentes de la comuna, es foránea. “Si a alguien de aquí le decimos 20 dólares por clase, enseguida se quejan y no cogen el curso, pero los extranjeros los pagan  sin ningún problema, ya que ellos saben bien que toda actividad debe ser remunerada”.

Vélez da clases de surf junto a su hermano Carlos Luis y Jorge Cevallos. Mientras Israel se encarga de enseñarle a surfear a Vera, Cevallos coge a cargo a Alan Mizrahi, David Abad e Ian Batista, tres de los muchos jóvenes argentinos que disfrutan  sus vacaciones de verano en Montañita.

“Acá la vida es perfecta. En la noche todo es farra y por la mañana está la playa con bellas chicas y por supuesto el surf”, asegura Mizrahi, quien está con sus amigos desde hace una semana en Ecuador.

Los tres “gauchos” aparecen por su segunda clase de surf, por lo que solo calientan para evitar espasmos musculares (calambres) y de inmediato ingresan al agua. Cevallos les da indicaciones de cómo deslizarse mejor en las olas para luego enseñarles alguna pirueta.

“Con el ‘take off’ (despegue) dominado, luego se puede dar paso al ‘bottom turn’, movimiento que consiste en pasar por el túnel de la ola. Otro de los trucos que se puede enseñar es que los chicos tomen el impulso en la bajada de la ola”, destaca Cevallos.

“Esto es algo que nunca olvidaré; de ahora en adelante trataré de encontrar playas en donde pueda surfear porque  es algo que me ha gustado mucho. De seguro en poco tiempo me compraré mi tabla”, afirma Mizrahi, quien añade: “Volveré en algún rato a Montañita para poder coger las mejores olas. Acá aprendí a surfear y siempre me acordaré de esta playa”.

 

Tomado del Diario El Telegrafo

 

La nueva ruta de los chilenos por las costas de Perú y Ecuador

 

Surf Ecuador Montanita

Cientos de chilenos recorren el norte de Perú y el sur de Ecuador en busca de playas cálidas y diversión a un muy bajo costo. Según los lugareños, desde hace tres años se nota su presencia masiva, lo que para muchos es considerado una verdadera explosión turística. Este es el viaje que hacen, dónde se quedan, lo que comen y cómo se divierten en estos lugares.

Por un segundo, 20 chilenos que viajaban en un bus desde Perú hacia Montañita, en Ecuador, se quedan estáticos. En ese segundo, se escucha música por todos lados, el sonido del mar, mujeres voceando la venta de choclos, las risas y los brindis de la gente que no los mira a su llegada; porque en este lugar a nadie le preocupa lo que hace el que está al lado. La mayoría camina sin polera por las principales avenidas, o con grandes escotes, o con una cerveza en la mano. O se sientan en la vereda a tocar un par de tambores para que otro haga algún espectáculo de malabarismo.

Minutos antes, una chilena con mochila y hawaianas se baja apresurada de la micro en que viene y grita fuerte y con un puño en el aire como en señal de victoria: “¡Al fin llegamos! ¡Ehh!”. Y aunque arriban a este balneario -ubicado a 180 km de Guayaquil- de vacaciones, para muchos la llegada se siente como tal, luego de viajar, a veces, hasta 15 horas seguidas en un bus destartalado, sin aire acondicionado, con los respaldos que no se bajan y con vendedores ambulantes que no dejan dormir, ofreciendo sandías en trozos, ensaladas de frutas, sorbetes de naranjillas o, incluso, anticuchos de una especie de longaniza con plátano frito.

Lo sienten como un triunfo, luego de haber salido de casa hace casi un mes. De haber sido estafados comprando pasajes desde Máncora a Tumbes, en Perú, o de casi haber caído en un engaño colectivo por un tipo que les solucionaría la falta de pasajes hacia Montañita en la terminal de buses de Guayaquil.

Antes de llegar a Montañita, muchos visitantes pasan por Máncora, en Perú. Algunos llegan vía Lima en avión, hacen conexión hacia Tumbes y luego viajan en auto hacia la costa. Así, se encuentran con un litoral ubicado a 18 horas en bus desde la capital, de arena blanca, agua transparente y tibia, palmeras y relajo, lejos de las alocadas noches que se viven en Montañita.

Varios de los que llegan a Máncora no son sólo jóvenes, también son familias de chilenos a quienes les es más conveniente pasar sus vacaciones en Perú. Arturo Covarrubias es abogado y cuenta que arrendó una casa por 15 días y para 10 personas por $ 2.000.000. “Es mucho más barato que arrendar una casa para esa cantidad de gente y días, por ejemplo, en el lago Villarrica. Además, acá dan la opción de incluir el servicio doméstico, y como los insumos son muy baratos, nosotros elegimos la opción de tener cocinera peruana. Es como comer en un restorán todos los días”.

Arturo está a la orilla de la playa de Máncora, grabando a sus pequeños hijos con una cámara, mientras un joven peruano les enseña a hacer surf. Cuando terminan, se van hacia la playa de Las Pocitas, un elegante balneario al que para entrar hay que traspasar una reja y la mirada atenta de un guardia de seguridad. Se llega en 15 minutos, a bordo de un mototaxi que cobra unos cinco soles (menos de mil pesos) y que avanza por caminos de piedra. Al poner los pies en la arena se ven casas con enormes ventanales y terrazas con vista al mar, el agua clara, las olas que se agitan suavemente. A eso de las cuatro de la tarde, no hay mucha gente en el lugar. Las Pocitas es mucho más tranquilo y familiar que Máncora. Juan, un lugareño encargado de mostrarles a los turistas las propiedades que se arriendan, cuenta que ahí “las personas ricas del Perú tienen casas, pero a veces las alquilan porque viajan fuera del país”. Por internet, chilenos que antes descansaban en Cachagua o en lagos del sur, arriendan casas por datos de amigos que visitaron la zona. También lo hacen en Vichayto, otra playa de similares características ubicada muy cerca de Las Pocitas.

Cuando cae la noche en Máncora, los más jóvenes hacen “la previa” en uno de los muchos hostales en los que se quedan. Entre chilenos, se reconocen porque tienen una botella de pisco sobre la mesa o porque participan en unos de los muchos concursos que se hacen en hostales, como el conocido Loki, especialmente para “chilenos contra extranjeros”, que son, básicamente, quién baila mejor o quién toma un trago más rápido.

Las mismas competencias que han comenzado a hacerse desde hace un tiempo en Montañita. Ahí, locales nocturnos, como el Hola Ola, reciben a muchos de los chilenos que llegan en grupos de seis y más amigos, compañeros de la universidad. Chicas de 20 años, de clase media y alta, fanáticas de las tiendas de ropa surfista como Roxy, de los lentes Ray-Ban y las pulseras flúor.

En Montañita, luego de disfrutar del surf, el parapente, el sol o jugar paletas en la tarde, los jóvenes vuelven a sus hostales u hoteles por el que pagan desde US$ 5 hasta US$ 25 por noche, por ejemplo, en el Charos, que tiene wi-fi, piscina, jacuzzi, bar en la terraza, hamacas y música de fiesta todo el día. La misma música que recorre las calles del pueblo. Cada local de Montañita tiene sonoridades diferentes, y en ellos se mezclan ecuatorianos, chilenos, argentinos, brasileños, alemanes, franceses, bailando dentro o saliendo a tomarse un trago en plena calle. No hay problema con eso. La policía lo permite. Así, el paisaje junta a artesanos vendiendo en el suelo, collares de colores fuertes y cinturones de macramé. Pero también, a dos argentinas que sostienen un cartel que dice “trufas intergalácticas”, que son chocolates de marihuana y que venden a cinco dólares el par.

A eso de la 23.00, el Hola Ola está casi lleno. Por cinco dólares las mujeres tienen barra libre. Sobre una tarima hay dos tipos de raza negra animando a las chicas a tomar alcohol al ritmo del reggaetón. Hombres pasan por el lado de ellas y les sirven “shots” de licor directo en la boca. Un grupo de chilenas, que no pasa los 22 años, de shorts y faldas cortísimas y con la piel roja de tanto sol, levantan las manos, bailan y gritan, y siguen bebiendo. Cinco horas después, la gente se mueve del local, sigue bebiendo en la calle o haciendo nuevos amigos.

A plena luz del día, Gisela Contreras (31) atiende en un local de ropa que ella misma diseña. Ella es una de las tantas chilenas que se quedó a vivir en Montañita hace más de 10 años, “cuando era una playa visitada únicamente por surfistas y ecuatorianos adinerados”, dice. Como ella, Marcela Araya y Luis Vargas también se quedaron. Ella es una de las odontólogas del pueblo y él, es dueño de un local de comida fusión.

Sobre el carrete y la explosión de Montañita, Gisela asegura que muchas veces tiene que llamar al consulado chileno por el descontrol de los más jóvenes y que la gente tiene una percepción equivocada del pueblo, “como de sexo, drogas y rocanrol, pero no es así. Acá tú puedes ver una maravillosa diversidad cultural en los ritmos, en la comida y en el arte”.

Una de las razones que ha hecho que los chilenos prefieran el recorrido costero por el norte de Perú y sur de Ecuador se encuentra en la cocina de ambos países. Los platos locales son un recuerdo que deja la vara alta a la hora de la cena.

La comida peruana hace que los chilenos, familiarizados con sus platos, recurran con seguridad a probar sus menús, aunque la mayoría reconoce que termina descubriendo nuevos sabores. En todas las ciudades hay muchos tipos de platos con diversos matices. Por ejemplo, en Tumbes, el “Sí señor” se especializa en comida típica, lo que lo convierte en uno de los favoritos de los chilenos. Comer ahí un clásico lomo saltado y un picante de gallina deja la sensación de nunca haber probado la comida peruana. Las porciones son abundantes y acompañarlas de la peruana cerveza cuzqueña cuesta Sólo $ 4.900 en total.

En Máncora, el cebiche es especial. Por ejemplo, en el Tumi, en la peatonal, lo preparan sin leche de tigre, pero con mucho limón, así, el pescado se torna mucho más refrescante para luego comer un chaufa de camarones. El total de la cuenta es lo que tiene más felices a los turistas: ¡$ 1.600!

Los jugos de fruta son muy comunes. En Vichayto se pueden disfrutar en algunos de los restoranes que son parte de los hoteles de la zona. Cuestan cerca de $ 2.000 y una de las mezclas más típicas es plátano, leche de coco, piña y frambuesas.

Las ferias artesanales venden dulces típicos, como prensados de caramelo con maní o delicias de sésamo.

Camino a Ecuador, los visitantes nacionales descubren los plátanos y camote como snacks, tortillas de plátano verde frito rellenos con queso y helados de frutas naturales, hechos a base de leche y agua.

En Montañita hay restoranes de todo tipo de comida, desde shawarmas a pizzas, sushi, comida rusa, mexicana o norteamericana. Para la noche, el Zoe ofrece clásicos norteamericanos, ecuatorianos y recetas italianas, muy frecuentadas por turistas de todas las nacionalidades. En un amplio local de madera y de dos pisos se puede comer por US$ 25 una langosta (hay lugares en donde este plato se encuentra por US$ 12), así como una hamburguesa gigante, con tocino y queso por US$ 7 o el sándwich capresse, con queso mozzarella, tomate y albahaca. Para perderle el susto a la balanza.

 

Tomada del Sitio Web diario.latercera.com


Mochilero recorre Montañita con figuras “prehispánicas”

 

Mochilero Ecuador Montañita

Las figuras “prehispánicas” que ofrece Cesáreo Lainez, en Montañita, son tan parecidas a las auténticas que cualquier incauto podría pagar una millonaria suma de dinero por una de esas piezas.

Pero Lainez, de 56 años, advierte a sus clientes que son reproducciones, que suele llevar en su mochila envueltas en papel periódico para que no se estropeen.

Las exhibe en las calles y playa de Montañita, donde sus principales compradores son los turistas extranjeros. También suele instalarse en las cabañas de bambú ubicadas frente al mar, en Baja Montañita, donde no necesita gritar para llamar la atención. “La gente que ya me conoce se acerca y compra”, expresa el artesano.

Son figuras -explica el entrevistado- confeccionadas con piedra arenisca que se extrae de los ríos de Olón, situado a 5 minutos de Montañita.

Este tipo de artesanías se elabora masivamente en la comuna Valdivia, donde habita Lainez, ubicada a 42 km de la cabecera cantonal de Santa Elena. Lo interesante de esta actividad es que decenas de familias se dedican a este negocio en sus hogares y muchos de ellos siguen utilizando hornos de barro para secar las piezas.

Lainez lleva 40 años en este trabajo que aprendió gracias a un amigo y no piensa abandonarlo porque le va bien. No solo vende, también le permite conversar y hacer nuevos amigos.

El día que EXPRESO estuvo en Baja Montañita, el comerciante caminaba por la playa en medio de una pertinaz llovizna. Se quitó la mochila y empezó a colocar las piezas en el piso de caña de una cabaña. Cinco turistas norteamericanos se le acercaron y empezaron a admirar las figuras. Le compraron 4 réplicas de la cultura Valdivia y 4 de la Manteña; fueron máscaras, en su mayoría.

Variedad de objetos

En la comuna Valdivia se puede encontrar una variedad de copias en diferentes tamaños y estilos, a precios que oscilan entre 5 y 20 dólares, dependiendo de las dimensiones de la figura y la cultura a la que pertenece: Valdivia, Guangala, Machalilla, Manteña, entre otras.

También se elaboran réplicas en concha spondylus.

Quienes visitan esta comuna tienen la oportunidad de observar los talleres y materiales que utilizan los artesanos en la confección. Pero, además, pueden visitar el Acuario Valdivia, donde se encuentra una variedad de peces tropicales y muestras de restos de animales marinos del sector.

La obra más solicitada -según el comunero- es la Venus de la cultura Valdivia, que representa el culto a la fertilidad del ser humano y la agricultura.

Así también las botellas silbato de la Chorrera y los diversos objetos de la Huancavilca-Puná.

Roberto Arias, quien llegó desde Guayaquil, se mostró sorprendido por el trabajo de Lainez, quien sale de su casa diariamente con 20 figuras y regresa, muchas veces, con la mochila vacía.

En la temporada playera es cuando mejor le va. El año pasado vendió más de 150 reproducciones, gracias a lo cual pudo ampliar su taller artesanal.

Curiosamente sostiene que ninguno de sus hijos han seguido sus pasos, pues ellos optaron por dedicarse a la zapatería.

Lainez confecciona 100 piezas cada 15 días. Cuida los detalles pues quiere que sus réplicas sean idénticas a las originales. “Me satisface cuando las personas me reconocen y me muestran las fotos de dónde han colocado las figuras en sus casas”.

 

Tomado del Diario El Expreso

 

 


Montaña, entre el cielo y el infierno

Turismo Montañita Ecuador

 

El balneario ofrece un libertinaje sin prejuicios. Mientras más exótico y estrambótico, más en onda se está en este pueblo que recibe a centenares de turistas.

La cumbia villera ha invadido el paraíso. Montañita es conocido como un punto fijo para turistas de todas partes del mundo y actualmente centenares de argentinos han repletado las calles de este balneario. “Argentilandia”… sí, los gauchos son mayoría en este punto de la Ruta del Spóndylus.

La farra nocturna playera ha cambiado en comparación con meses atrás, ya que el reggae, el rave y el reggaeton no suenan con fuerza como antes, pues la música argentina es la que pone el ambiente en las cuatro calles a lo largo y tres a lo ancho de la zona fiestera de Montañita, pueblo bautizado como la “Jamaica perdida”, precisamente por la influencia del reggae. No hay muchas rastas en el lugar como solía ser costumbre, ahora las cabelleras rubias predominan…

El libertinaje sin prejuicios se vive en las noches de Montaña, lo que hace sentir a sus visitantes como en el paraíso. “Esto es el cielo y el infierno, hay de todo, en especial mujeres hermosas, hoy ligo con una fijo”, dice Diego Capó, un turista gaucho que lleva tres semanas en el lugar.

Pareciese como si la seguridad no hiciera falta en este balneario, ya que las personas  caminan entre las escasas cuadras de esta bohemia playa como si fueran vecinos de toda la vida.

Es más, una patrulla de Policía pasa por la calle céntrica, donde la fiesta está prendida y es como si el enemigo llegara a destruir todo. Pero los miembros del orden solo hacen su recorrido obligado y se van: NO HAN VISTO NADA.
Es la única vez en la noche que los policías aparecen entre la locura y algarabía de la joda y esto que recién son las 23:00, cuando la verdadera “perdición” no ha comenzado aún.

Es raro ver a alguien caminando con las manos vacías. Ya sea un cigarrillo, una cerveza o un coctel, la mayoría ya ha entrado en ambiente.

También aparecen en escena los brownies. La imagen es inocente… un chico de alrededor de 16 años vende unos deliciosos negritos al módico costo de 3 dólares. Perdón, ¿dije imagen inocente y precio módico? Me equivoco, aquí va la rectificación.

Los brownies vienen “recargados”, por eso el elevado precio de este que a priori parece un dulce más, pero en realidad tiene un toque de marihuana en su base y está espolvoreado con la misma droga, pero molida.

La pregunta que salta al ver estos negritos es ¿de dónde sacaste la receta?… a lo que el vendedor responde: “mirá, yo aprendí a hacerlos en Buenos Aires, allá es muy común esto. Llegué acá hace dos semanas y vi que vender brownies era una buena forma de sacar dinero para seguir disfrutando”, asevera este “comerciante y dulcero” argentino.

Un grupo empieza a tocar al final de la calle central y sus canciones de jazz moderno encantan a los transeúntes y se arma la fiesta, aunque claro, Montaña parece una discoteca de cuatro cuadras que llega hasta la playa, donde también hay “fiesta”.

A la una y media de la madruga es normal ver a más de una persona consumiendo marihuana, aunque ¿en qué momento es raro ver esto en Montaña? La fiesta vive su éxtasis a las dos y media… la fregadera está entera.

En la calle que termina en la playa están los vendedores de cocteles, quienes desde sus triciclos prometen emociones sin fin a los consumidores. Cada coctelero tiene música de ambiente y el ritmo que predomina es la cumbia villera.

En la playa es otro el ambiente, ya que la gente se retira a la arena por un poco de tranquilidad, aunque no falta alguien que vaya para consumir algún tipo de droga más fuerte que la “indefensa” marihuana para que los ayude a pasar más “activos” el resto de la noche. Son las 05:30 y el sol está por salir, pero la fiesta sigue; es que así es este paraíso farrero… Acá pasa de todo, pero recuerden, lo que pasa en Montañita, se queda en Montañita.

 

Tomado Del Diario El Telegrafo

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